jueves, 9 de mayo de 2013

DE LA COCINA A LA PLAZA
La inocencia perdida, la lucha ganada, 36 años de Memoria, Verdad y Justicia.

Por Alejandra Iglesias

30 de abril de 1977 a un año de instalarse la dictadura Militar más sangrienta y represiva junto a sus cómplices civiles, que dejó un saldo de más de 30.000 desaparecidos, las madres de Plaza de Mayo iniciaban su primera marcha en reclamo por la aparición con vida de sus hijos desaparecidos.
Esa búsqueda de sus hijos que se inició inocentemente significó el hecho histórico más importante del siglo XX en la lucha por los derechos humanos. Enfrentaron a uno de los poderes más siniestros y son un ejemplo de voluntad, coraje y dignidad. Un ejemplo a seguir con la convicción de que se puede enfrentar a los más poderosos aún en total desventaja cuando los valores que movilizan esa búsqueda son el amor, la verdad y la justicia.
Este 30 de abril de 2013, se cumplieron 36 años de esa primera marcha que fue la consecuencia de haber recorrido el camino por los canales habituales sin obtener una respuesta.  Las madres antes de su decisión de concurrir a la Plaza habían iniciado su búsqueda por los Ministerios públicos, policía, Iglesia, hospitales, cárceles, partidos políticos y hasta puerta a puerta.
Cuando se dieron cuenta que no obtendrían respuesta por los canales habituales surge la idea a través de Azucena Villaflor, quien tiempo después será secuestrada, que la Plaza de Mayo sería su lugar de reunión, para que fueran visibles sus reclamos. Es así como el sábado 30 de abril de 1977 catorce (14) madres se reúnen en la Plaza de Mayo, símbolo de las luchas populares, para reclamar por la aparición de sus hijos ante el poder más grande y represivo de la época, la Dictadura Militar que a través de las armas destituyó al gobierno constitucional conducido por Isabel Martínez de Perón.

En su mayoría las madres eran amas de casa, y en su inocencia creían que enviando una carta al Presidente de facto, en ese entones Jorge Rafael Videla, para pedirle una audiencia, obtendrían algún compromiso efectivo por la búsqueda de sus hijos. Con el paso del tiempo, la estigmatización y las respuestas evasivas, cuando no la descalificación de los funcionarios y de la propia sociedad comenzaron a entender los motivos por los cuales sus hijos estaban desaparecidos y tomaron conciencia del poder al cual se enfrentaban. Así nace el símbolo que las representa ante el mundo: el pañuelo blanco que en un primer momento fue la tela del pañal de sus hijos. Símbolo de identidad, de perseverancia, de resistencia y de lucha.
En la medida en que se fueron sumando más madres en la búsqueda, el Estado represor intentó correrlas de la Plaza a través de acciones intimidatorias e invocando el estado de sitio que imperaba y que prohibía la reunión de 3 o más personas, fue así que las madres comenzaron a circular alrededor de la Pirámide de Mayo.
Sin embargo eso no fue un motivo para claudicar, al contrario actuó como motor y ya no solo era la vuelta en la Plaza, también comenzaron las solicitadas, las denuncias de que en la Argentina había desaparecidos, secuestros, torturas y represión.
Con todos los poderes en contra desde la Iglesia hasta los medios de comunicación ellas continuaron, nos marcaron el camino y transformaron el  dolor  en un hacer colectivo.
Hoy los ex centros clandestinos de detención son espacios de memoria y de vida.
En homenaje a sus hijos que luchaban por un mundo más justo, libre y soberano de las grandes corporaciones económicas, civiles, militares y eclesiásticas se han convertido en espacios  de intercambio cultural,  capacitación, reflexión y debate social y político sobre el terrorismo de Estado y sus consecuencias.
Hoy las Madres desde sus distintos espacios construyen, enseñan, conducen, impulsaron los nuevos juicios a los militares por Delitos de Lesa Humanidad.
 Y como ellas mismas dicen “Nuestros hijos nos parieron”, quienes reivindican su lucha decimos que “las madres de la Plaza” volvieron a parir cuando las nuevas generaciones apropiándose de sus valores, hicieron propia su lucha y apostaron al cambio.




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